lunes, 26 de agosto de 2013

LO QUE LA UNIVERSIDAD NO DA


Felipe Ortiz de Zevallos en agosto del 2006 frente a sus alumnos de integrantes de la promoción de diversas facultades de la Universidad del Pacífico, plateó una serie de reflexiones, posiblemente en reconocimiento del vacío de formación que las  universidades dan a sus alumnos tal vez aprovechar el momento para cumplir con algo que la universidad no les había dado en sus aulas; esta reflexiones los planteó en siete aspectos:
El primero, pidió a sus alumnos que cuando tengan tiempo "oler las flores", en la que expresó su ternura y amor hacia lo sublime y profundo del ser humano, hecho que a no dudarlo a los seres humanos nos falta o no la cultivamos.
El segundo, vean menos televisión y lean más libros; efectivamente el mundo de hoy, la juventud y hasta los adultos estamos más pendientes de la televisión y hasta llegamos al extremo que dichos actores son los que nos marcan la agenda de gobierno, la vida y el pensamiento y diálogo de la población. Perdimos el hábito de la lectura, cada vez leemos menos, ni qué decir de la comprensión. Las familias prefieren que sus hijos vean televisión para evitar que los molesten y no se da cuenta el daño que le estamos causando.
El tercero, dice: no acepten aquellos signos de estatus cuyo valor no reconozcamos; es que los modelos paradigmáticos del prestigio en la sociedad han cambiado a través del tiempo, parafraseando a Alejandro el Magno en su relación y búsqueda a Diógenes el filósofo decía: “vivir por uno mismo resulta una mejor manera de afirmar que no hay que darle relevancia a las modas del prestigio”. En sus Meditaciones, el emperador Marco Aurelio afirmaba: “Tu decoro no depende del testimonio ajeno. ¿Acaso mejora lo que es alabado? ¿Acaso empeora una esmeralda si no es elogiada? ¿Y qué decir del oro, del marfil, de una flor o de una pequeña planta?. Estas palabras nos orientan con gran claridad de que el hombre debe ser uno mismo y no lo que los otros nos quieren poner o imponer; la nobleza esta en nosotros mismos.
El cuarto, dice: recuerden que siempre habrá una verdad mejor a la que tengan. Esta afirmación es contundente a que siempre se debe actuar con humildad y sabiduría humana y no pensar que somos el dueño de la verdad, creer que sabemos todo nos lleva a afirmar nuestra ignorancia de la dimensión del mundo y de la amplitud de conocimientos que la humanidad ha desarrollado hasta hoy.
El quinto es, aprendan de sus fracasos. Con gran claridad dice que no siempre aquel que nunca fracasó es que demuestra su excelencia. Afirma que nuestro carácter que finalmente logremos moldear en nuestras vidas no se va manifestar en el cómo reaccionamos frente al éxito, sino cómo actuamos frente al fracaso. Estos temas lo aprenderemos en la universidad de la vida; hay que mantener nuestra confianza y saber que la excelencia no es lo mismo que el éxito.
El sexto consejo, mantengan un saludable escepticismo, pero rechacen el cinismo. Cuánta verdad en ello, el escepticismo es preguntar, cuestionar, dudar, no ser un ingenuo, estar siempre abierto a los demás, a las nuevas ideas, creer en lo que lo que nos da la ciencia como lo nuevo, etc. Por el contrario el cinismo es creer que uno tiene la verdad, creerse que uno tiene la respuesta de todo, cuando a veces ésta está lleno de prejuicios y sin razones.
El séptimo consejo, descubran la manera de recargar el entusiasmo por lo que hacen. Entusiasmo para los griegos es “tener un dios dentro de sí”. Es que nuestras potencialidades humanas está en nosotros mismos, y dice el autor: “la mayoría de los niños lo tienen, y con la edad uno muchas veces lo pierde. Busquen la manera de alimentarlos y recargarlo continuamente”. Ponerle alegría y entusiasmo a las cosas que hacemos, nos hace más fácil lograr lo que nos proponemos.  
Esta reflexión que podría parecer simple, nos lleva a lo más profundo de nuestro ser, la esencia humana no está en la cantidad de conocimientos uno tiene, sino en la actitud que podamos mostrar en el grupo social que uno se desenvuelve.
Si bien es cierto que el rol de la universidad y las instituciones superiores es formar buenos profesionales (economía, administración, contabilidad, psicología, educación, etc.) también se debe buscar que los profesionales sean líderes, se conviertan en agentes de cambio y puedan contribuir con el desarrollo nacional.
Econ. Alberto Eber Contreras Mariño